Cuando levantamos la vista al cielo, no estamos observando lo que ocurre en este instante, sino una imagen del pasado. La razón es que la luz, aunque extremadamente rápida, no viaja de manera instantánea. Su velocidad es de aproximadamente 300,000 kilómetros por segundo, lo que significa que la luz del Sol tarda un poco más de 8 minutos en llegar a la Tierra. Esto implica que, cada vez que vemos al Sol, en realidad lo estamos observando como era hace 8 minutos, no como es en este momento. Si vamos más lejos, el efecto se vuelve aún más sorprendente.
Por ejemplo, la luz que recibimos de Próxima Centauri —la estrella más cercana después del Sol— tarda alrededor de 4,2 años en llegar hasta nosotros. Dicho de otro modo, lo que vemos hoy de esa estrella es en realidad una fotografía de hace más de cuatro años. Y si hablamos de galaxias situadas a millones de años luz de distancia, lo que contemplamos son imágenes de hace millones de años, capturando momentos que ocurrieron mucho antes de que los seres humanos existiéramos.
Imagina que existe una civilización muy lejana, situada a 65 millones de años luz de distancia de la Tierra. Si en este momento ellos apuntaran sus telescopios hacia nuestro planeta, no estarían viendo lo que ocurre hoy en día. En realidad, lo que estarían observando sería la luz que salió de la Tierra hace 65 millones de años, es decir, la época en la que caminaban los dinosaurios como el famoso Tyrannosaurus Rex.
